El inconsciente siempre encuentra una forma de hacerse ver.
Paprika (2006), última película de Satoshi Kon (1968-2010), nos adentra en un mundo onírico entre la realidad y los sueños. Kon juega con estas dos perspectivas y desarrolla una pieza llena de símbolos.
Una de las secuencias más simbólicas ocurre cuando el protagonista, el detective Toshimi Konakawa, se ve atrapado en una serie de sueños que desdibujan la frontera entre la realidad y la fantasía. Uno de los momentos más representativos de esta transición ocurre durante la secuencia del desfile, en la que una variedad caótica de objetos, juguetes y seres extravagantes avanzan sin cesar por las calles, fusionando elementos oníricos y tecnológicos. La secuencia aparece por primera vez al minuto treinta y a lo largo de la película va reapareciendo para mostrarnos el mundo onírico en el que Atsuko (o Paprika) intenta rescatar al Dr. Himuro.
En un plano medio vemos cómo un grupo de hombres se lanza desde el techo de un edificio, con un desplazamiento de cámara hacia abajo se nos revela por primera vez el desfile. Varios electrodomésticos, juguetes intervenidos a gran escala con aspecto absurdo caminan por las calles de lo que pareciera ser un Japón vuelto loco. A medida que este avanza se hace más surrealista.
Todo este conglomerado de cosas nos sugiere el caos y el desbordamiento mental de los seres humanos. Simboliza al subconsciente quien no distingue entre los límites de la realidad y la ficción (los sueños) lo que sugiere que la mente humana es una mezcla compleja y desorganizada de deseos reprimidos, traumas, ansiedades y recuerdos. El desfile muestra cómo los pensamientos más profundos y oscuros pueden emerger y sobrecargar la realidad cuando no se pueden controlar.
Hay en el color un peso, pues, Nobutaka Ike, director de arte de la película menciona que para los espacios de la realidad se utilizaron tonos son más apagados y grises, esto con la intención de significar a los espacios, la desaturación de los colores en la realidad nos indican las emociones más contenidas contrastando significativamente con los colores brillantes que vemos en el momento del desfile, ahí todo está exagerado, hay libertad en las restricciones de la lógica y la realidad, el color brillante nos recuerda la sobrecarga sensorial, fortaleciendo la idea de que la mente humana puede ser abrumadora si se sale de control. La lógica no tiene cabida en el mundo de los sueños.
Muñecos, juguetes y figuras tradicionales:
Representan la infancia y los deseos reprimidos. Los muñecos desfilan de manera inquietante, sugiriendo una infantilización de las emociones o una regresión a estados mentales primitivos, donde el control sobre las emociones y pensamientos es limitado.
Electrodomésticos y aparatos tecnológicos:
Objetos como refrigeradores y televisores que cobran vida simbolizan cómo la tecnología está invadiendo la mente humana. Estos elementos representan la fusión entre lo humano y lo artificial, el miedo al control tecnológico sobre nuestra psique. En el desfile, estos electrodomésticos están fuera de control, reflejando el desorden mental y el impacto negativo de la tecnología cuando se utiliza sin responsabilidad.
Animales y criaturas antropomorfas:
La presencia de animales en el desfile (como ranas, peces, o cerdos vestidos como humanos) enfatiza el carácter absurdo y surrealista de los sueños. Estos animales simbolizan los instintos básicos y las pulsiones reprimidas que, en la vida real, son suprimidas por la lógica y la razón. En el mundo de los sueños, estos instintos se liberan y adquieren formas grotescas y cómicas.
Figuras tradicionales japonesas (tanuki, dioses y objetos animados):
Estos elementos se relacionan con el folclore y la cultura japonesa, sugiriendo una conexión entre los sueños y las creencias mitológicas. Representan cómo las narrativas culturales y religiosas influyen en el inconsciente colectivo, y al aparecer en el desfile, muestran la fusión entre lo antiguo y lo moderno en el subconsciente de los personajes.
El desfile onírico en Paprika se construye como un complejo símbolo de la descomposición psíquica, la sobrecarga sensorial y la fragilidad de la identidad humana frente al avance tecnológico. Más allá de su deslumbrante visualidad el desfile encarna un colapso del orden racional: una saturación de imágenes y símbolos que surgen del subconsciente, donde lo reprimido, lo olvidado y lo culturalmente codificado se amalgaman en una manifestación sin control. En este contexto, los elementos del desfile –muñecos, aparatos tecnológicos, animales antropomorfos y figuras del folclore japonés– operan no sólo como representación de deseos reprimidos y traumas no resueltos, sino como marcadores de una crisis identitaria donde el sujeto ya no es capaz de diferenciar lo real de lo imaginario.
Representaciones de deseos reprimidos y traumas no resueltos, sino como marcadores de una crisis identitaria donde el sujeto ya no es capaz de diferenciar lo real de lo imaginado.
